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Smithsonian Institution Traveling Exhibition Service, Beyond Baseball: The Life of Roberto Clemente
Imágenes: (de arriba hacia abajo) Clemente de joven con su familia en Puerto Rico. Mapa de Puerto Rico señalandola ubicación de Carolina, el pueblo natal de Clemente. La plaza donde se juntaban Clemente y otros jóvenes a principios de los cincuenta. Clemente creció en Carolina, una región productora de caña de azúcar en las afueras de San Juan. Un grupo de niños espiando a través de una pared durante un partido de béisbol. El legendario Pedrin Zorrilla, quien contrató a Clemente y a casi todos los mejores jugadores puertorriqueños de su época, en un momento compartido con Willie Mays y Rubén Gómez. En la temporada 1953-54, Clemente (segundo desde la izquierda) era el miembro más joven y el único puertorriqueño del temible ‘Escuadrón del Pánico’, cuyos demás miembros eran Willie Mays, Buster Clarkson, Bob Thurman y George Crowe.
 

Su Vida

En 1934, Carolina era un pueblo rural sumido en la Gran Depresión y al borde de un gran cambio. Dentro de la breve existencia de Roberto Clemente Walker, el perfil de su pueblo-y el de toda la isla-sufriría una transformación de agro-rural a urbano-industrial.

Sin embargo, en la época en que nació Roberto-quinto y último hijo de Melchor Clemente y Luisa Walker-las granjas y los bancos colapsaban, el desempleo era alto y muchos puertorriqueños pasaban hambre. Melchor llevaba el pan a la mesa familiar gracias a su trabajo como capataz en una plantación de caña de azúcar. Así y todo, los padres de Roberto se encargaron de mantener una disciplina moral-profundamente arraigada en creencias religiosas-que ejercería una continua influencia en la vida de Roberto.

Los valores del hogar se transformaron en sellos distintivos de la personalidad de Roberto, de los que nunca se alejó en su tránsito a través de los peligros de la segregación, de los desafíos presentados por el éxito profesional y de los permanentes esfuerzos por americanizar su personalidad e identidad.

 

La Madurez del Béisbol Caribeño

El béisbol se desató en Puerto Rico como un torbellino. Jóvenes cubanos y puertorriqueños que venían de estudiar en Estados Unidos introdujeron el juego en la isla a finales del siglo XIX. Durante los siguientes veinte años se difundió rápidamente, asistido por el empeño de talentosos soldados americanos, quienes ayudaron a elevar el nivel de los jugadores. El primer torneo semi-profesional que se jugó en Puerto Rico tuvo lugar en 1938-39.

En el Caribe, la historia del béisbol comparte un origen similar. Las ligas latinoamericanas de aficionados y profesionales se desarrollaron ampliamente allí donde los mejores equipos podían competir, pudiendo jugar prácticamente todo el año, desplazándose entre México, Centroamérica, Cuba y Puerto Rico.

Antes de que se produjera la integración racial en las ligas mayores, las estrellas de las ligas afro-americanas comenzaron a aprovechar sus temporadas de descanso para jugar en el Caribe, llevando consigo renovado talento y nuevos bríos. El nivel del juego se elevó a tal punto que comenzó a atraer jugadores blancos de las ligas mayores que querían pulir sus habilidades en las temporadas de descanso. En 1947, los New York Yankees, campeones de la Serie Mundial, viajaron a Puerto Rico para un partido de exhibición con los Ponce Leones...y perdieron.

Los cazatalentos de jugadores para las ligas mayores empezaron a rastrear las ligas caribeñas en busca de reclutas de bajo costo y alto impacto. A medida que los primeros jugadores puertorriqueños se abrían camino como profesionales en el continente, crecía paralelamente el entusiasmo en la isla. Ya a comienzos de la década de 1950, cuando Roberto Clemente llegaba a la mayoría de edad, la fiebre del béisbol en Puerto Rico había alcanzado niveles sin precedentes.

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